Al Corazón de una madre: Madre Soltera

 


Al corazón de una madre soltera, la historia de Agar

En Génesis capítulos 16 y 21 conocemos un poco de la vida de Agar. Si la repasamos juntas, podemos notar detalles importantes. Al ser egipcia podemos pensar que no conocía al Dios de Israel de manera personal. Fue utilizada por Sarai como un medio para cumplir un deseo insatisfecho; el de ser madre. No fue amada por el papá de su hijo; Abram solo cumplió con una petición de Sarai. Ante este escenario y esperando un hijo responde con amargura y orgullo, actitud que le produce un dolor tan grande que la impulsa a huir al desierto y dejar todo atrás. Más adelante en su vida, cuando es echada de lo que para ella fue su hogar se enfrenta sola al mayor desafío que una madre puede tener, lo que parecía la inevitable muerte de su hijo.

Puede que tu historia de vida y la mía tengan algunas similitudes con la historia de Agar, como puede ser que no, pero en lo que ella y nosotras nos parecemos es que enfrentamos el llamado de la maternidad sin un esposo terrenal. La vida de Agar como madre no empezó muy bien, de hecho, fue muy duro para ella durante muchos años.

Pero en Su misericordia y amor Dios toma la iniciativa y viene a encontrarse con ella en medio de su aflicción, la anima a cambiar su actitud y continuar con su labor. En ese primer encuentro algo pasa en el corazón de Agar, por primera vez sintió que alguien la miraba, sintió que era importante para alguien. En Génesis 16:13 ella dice: Tú eres Dios que ve, porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve?

Como madres solteras podemos llegar a preguntarnos lo mismo que Agar, ¿será que alguien me ve? Sin duda muchos son los temores, los retos que enfrentamos, momentos de soledad y dolor, pero a través de esta historia bíblica quiero acercarme a tu corazón y animarte con la certeza de que no estamos caminando solas porque tenemos con nosotras al Dios que nos ve. ¿Cómo experimenta Agar el cuidado de Dios en ausencia de un marido? ¿Cómo lo experimentamos nosotras? Te invito a que exploremos juntas.

Dios fue su apoyo y ayuda; cuando Él viene a encontrarse con ella en los dos momentos más críticos de su vida, al inicio de su embarazo huyendo de su señora y luego 14 años después ante lo que parecía ser la inevitable muerte de su hijo. Dios fue su proveedor al hacerla volver al hogar de sus amos, allí Él estaba proveyendo un techo, alimentos y la atención que necesitaba para concluir su embarazo y luego, cuando su hijo moría de sed, abrió un pozo de agua en el desierto y suplió la necesidad de su hijo. Dios fue su protector al no dejarla huir al desierto para enfrentarse sola a todos sus peligros. Él la detuvo y la envió de regreso a un lugar donde estaría segura. Años después, cuando ya era el tiempo, aquel desierto que en el pasado era peligroso para ella, ahora Dios lo convertiría en su hogar.

Dios fue el líder y maestro de su familia, en Génesis 21:17, la Biblia nos dice que Dios estaba con Ismael, y fue Él quien se encargó de enseñarle a este jovencito a sobrevivir en el desierto, a establecerse, a ser un hábil arquero. Y a través del testimonio de vida de Agar, este muchacho debía conocer del SEÑOR.

A la luz de esta historia, podemos darnos cuenta de que, aunque no tengamos un esposo terrenal, sí lo tenemos en el cielo, Isaías 54:5 dice pues tu Creador será tu marido; ¡el Señor de los Ejércitos Celestiales es Su Nombre! ¡Cuánto ánimo dan estas palabras! Mira todas las promesas que tenemos en las Escrituras de que Dios también es nuestra ayuda, proveedor, protector y maestro.

Nuestro marido celestial suplirá todo lo que necesitemos de sus gloriosas riquezas que nos ha dado por medio de Cristo Jesús. En cuanto a liderazgo espiritual de nuestro hogar no estamos destinadas a fracasar porque todos nuestros hijos serán enseñados por Jehová, y grande será la paz de ellos.  La Palabra nos dice que es mejor refugiarse en el SEÑOR que confiar en príncipes, por lo que a Su amparo estaremos seguras. Dios promete en Isaías 58:11 que siempre nos pastoreará, que en las sequías saciará nuestra alma, y dará vigor a nuestros huesos; que seremos como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan. ¿Necesitamos algo más que esto?

Querida amiga y hermana, en nuestra maternidad y feminidad pongamos nuestros ojos en Jesús, Él es el Dios que nos ve, es el Dios que nos oye, es el único que puede abrir nuestros ojos para que veamos el pozo de agua fresca que nos ofrece, Él es quien renueva nuestras fuerzas cada día, es quien provee para nuestro hogar, para nuestros hijos, para nuestros corazones, Él dará los medios de gracia para que esto sea así.  Dios es nuestro Hacedor y marido.  Sí podemos, al amparo del Altísimo y bajo la sombra del Omnipotente sí podemos, porque felices son los que tienen como ayudador al Dios de Israel, los que han puesto su esperanza en el SEÑOR su Dios. (Salmos 146:5).

Con amor,

Una madre soltera que tiene a Cristo como su marido.

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