Al Corazón de una Madre: Al Fuego de la Maternidad
En el fuego
de la maternidad
Cuando
piensas en el fuego, ¿qué es lo primero que se te viene a la mente? ¿Una
tragedia? ¿Temor? ¿Purificación?
Te cuento
algo acerca de mí. Abracé mi maternidad a los 23 años entre lágrimas de alegría
pero también de incertidumbre y temor por lo que significaba para mí ser madre:
la enorme responsabilidad de criar un hijo exitoso y bueno. En aquel entonces lo que podía ver era una
lista de cosas que tenía que hacer y cómo hacerlas para ser “una excelente
madre” y tener “un excelente hijo”. ¿Alguna se identifica conmigo?
Mi hijo creció entre el amor y la educación de una madre perfeccionista,
controladora, exigente y para mi vergüenza… abusiva. Todos estos factores
complicaron mi forma de criar y en medio de discusiones y peleas; exigencias y
regaños, mi niño se convirtió en adolescente. Tuvimos una relación fracturada
con muchas lágrimas derramadas. El panorama se vislumbraba sombrío para los
dos, él sintiéndose atrapado en una dinámica familiar rígida, asfixiante y yo
en medio del agotamiento y la frustración de mis fracasos.
En medio de esa turbulencia Dios nos miró con compasión y vino a nuestro
encuentro. En el año 2013 escuché el evangelio y sin mucho comprender acepté a
Cristo en una clara necesidad de un cambio dentro mí, cambio que iba a ser aún
más urgente 6 años después.
Al venir a Cristo quise aprender y crecer, pero mi comportamiento no
cambió, por lo que el Señor, viendo que aún mi corazón era duro, tuvo que
pasarme por un fuego aún más intenso y quebrantarme por completo cuando mi hijo
tenía 15 años, revelándome lo que realmente había dentro de mí y lo que mi
pecado estaba produciendo en él, un alma muy herida.
En Jesús aprendí que el fuego es purificador y la maternidad es ese
fuego que trajo arrepentimiento a mi vida, todavía puedo verme de rodillas en
mi cuarto, pidiendo perdón y rogando por una segunda oportunidad para sembrar
diferente en el corazón de mi hijo.
Cuánta misericordia del Señor Jesús que no apartó su rostro de esta
madre urgida de una circuncisión del corazón.
Tres años después de ser pasada por el fuego purificador, y aun con un largo
camino por recorrer, abrazo una promesa maravillosa que se encuentra en Eclesiastés
3:15: Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo
que pasó.
La esperanza de la redención es el néctar más dulce que viene de la
gracia de Dios, la grandeza del perdón y el poder de Cristo para hacer todo
nuevo, es la melodía más grandiosa que puede emanar del cielo para el corazón
de una madre. Entendí que el propósito de ser madre no tiene nada que ver con
el desempeño de mi hijo sino con el darle a conocer a Cristo y orar
fervientemente porque Dios se complazca en revelarle a Su Hijo para que abra su
corazón a Jesús y así llegue a creer en Él y amarle.
Querida mamá: si al igual que yo estás siendo pasada por el fuego
purificador de la maternidad, puedes considerarte bendecida, puedes abrazar con
más fuerza todavía el llamado de ser madre como un medio de gracia para
santificarte y hacerte más como Cristo. Redimida es la palabra que te describe
ahora y si estás preguntándote qué va a pasar con tus errores y pecados contra
tus hijos, recuerda Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y
Dios restaura lo que pasó. Abraza esta palabra y vive por la fe en la certeza
del poder y fidelidad del Señor Jesús para cumplirla. A Dios sea la gloria.
Con
amor, Una madre que aguarda desde la
esperanza de la redención.
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