Al Corazón de una Madre: Atesorando a Cristo con las Manos llenas

 

Cuando mamá tiene las manos llenas y busca la forma de Atesorar a Cristo



 Tener 1, 2 , 3, 4 o 10 hijos es un reto y una aventura diaria. Cuando llegamos a ser mamás nos damos cuenta de que siempre tendremos las manos llenas, ya que tenemos al cuidado otra creación valiosa y preciosa en nuestras manos. Salmos 139

Cuando pienso en lo que una mamá hace, a mi mente llegan muchas ideas. Ser mamá de un niño es todo un reto, un cambio de vida y multiplicar eso por X número de más hijos, hacen que termine cansada de solo imaginar cómo se multiplica la ropa por lavar, los platos de la cocina, la comida por cocinar, la salud que cuidar, y me sumerjo en todo lo que las mamás debemos hacer.

Por la gracia y misericordia del Señor soy mamá de 4 pequeños, dos varones de 9 y 7 años y unos mellizos (hombre y mujer) de 3 años y 10 meses. Ya se imaginarán que mis días están llenos y mis manos también.

Ser mamá de 4 hijos es una hermosa bendición y una gran responsabilidad también. Me gusta recordar, que Dios ve algo especial en mí que yo no veo o creo. Dios me eligió a mí, para ser su mamá y a ellos para ser mis hijos, su Soberanía va más allá de mi comprensión. El unió a mi familia y conoce el futuro de cada uno de ellos. ¡Gloria a su Nombre! Y Dios hizo lo mismo con tu familia.

Para mí, una mamá con uno o muchos hijos siempre tendrá las manos llenas y va a necesitar de igual manera el mismo ingrediente especial en la maternidad. Ese ingrediente primordial para mí, es tener una hermosa y activa relación con el Señor. ¿Por qué? Porque estamos muy ocupadas y necesitamos de nuestro Padre todos los minutos del día, nacimos para adorarle y depender de Él en todo. La maternidad no es la excepción.

Llegar a pensar que estamos de paso en este mundo y recordarnos esto mientras educamos y vivimos con nuestros hijos es un reto diario, pero me permite mantenerme enfocada en que no somos de este mundo, sino que estamos de paso.

     Mi primer pensamiento siempre es dejar toda la casa lista y después mi tiempo para leer, para orar para el Señor. Y he aprendido que el orden para nuestra vida de mamas tiene una forma que no podemos olvidar. Dios primero siempre, siempre. Y luego uno experimenta la gracia del Señor de una forma maravillosa. He olvidado muchos días este orden y he experimentado la gran diferencia. Me encanta recordarme Mateo 6:33Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia y todo lo demás será añadido” que gran orden de prioridades Dios nos muestra”.

     Hoy día uno de los mayores tesoros que tenemos, es el tiempo. Tiempo que nunca alcanza para lo que ocupamos o queremos. Sin embargo, con un orden celestial, Dios primero siempre, vamos a poder escuchar su guía y lograr lo importante del día. Es ahí donde he aprendido a dejar quehaceres que pueden esperar por tareas con propósitos eternos que no deben esperar. Y si ese cambio nos permite ver los resultados hermosos en manos de Dios.

    Me gusta cambiar la idea de cómo tenemos nuestras manos llenas de cosas rutinarias como los quehaceres diarios: y pensar en que pueden estar llenas, pero de tiempos de oración por nuestras familias, llenas, pero de tiempos de calidad con cada uno de tus hijos con abrazos y besos, llenas de tiempos a solas con el Señor, llenas de estudios de su Palabra. Y llenas de agradecimiento para que la queja que tanto nos rodea no nos atrape.  Suena hermoso y en muchos días utópico, pero créeme que Dios desea que veamos nuestras manos llenas de todo lo que nos acerque más a Él. Debemos cambiar nuestro enfoque y ver con que llenamos nuestras manos.

     He aprendido y he disfrutado recordar algunos puntos que encuentro clave en mi maternidad y que deseo compartirlos. Son de gran motivación y esperanza para mí y espero que lo sean para ti mamá también.

     He aprendido que no debo de saberlo todo y que la maternidad no debe ser fácil, porque si no lo podría hacer sola. En cambio, este hermoso camino de mamá junto al Señor lo hace especial y llevadero. Somos el mejor equipo. Dios y yo. Hasta me consuela en mis días más duros de mamá.

     He aprendido que con todo y lo que el trajín diario representa, (un gran cansancio para nosotras); la bendición de verlo a través de los ojos eternos es que cada esfuerzo extra, cada músculo de mamá cansada valen la pena, cuando vivimos pensando en una eternidad al lado de nuestro Creador.

     He aprendido que nuestro refugio principal y primordial debe ser El Señor. Me encanta leer y conocer más del Señor y en algunas ocasiones me encuentro perdida y con la batería a medio llenar, y descubro que es porque no he tomado agua viva de la Palabra del Señor. Conocerle y permitirle a nuestro Dios ser nuestro principal refugio y roca, hacen un cambio maravilloso en nuestras vidas. Dios nos llena, nos capacita y nos permite crecer por y con ‘El. Pr 3:5y6. Salmos 18

    He aprendido a Orar. Si algo aprendí de mi mamá es que la oración es llevar todo a los pies de Dios y todo, significa desde ideas de que hacer de almuerzo, orar para que mis mellis dejaran los pañales, hasta cómo ayudar a tu hijo que no quiere dormir en su habitación. La oración es primordial en la vida de nosotras mamás. Nos recuerda que no debemos hacer esto solas, Dios mismo va delante nuestro como Dt 31:8 lo menciona y El cambia y usa nuestros corazones al estar en sintonía con El.

    He aprendido que es hermoso compartir con otras mamas. Buscar amigas de apoyo. Dios me ha permitido en este último año y medio más o menos, compartir con otras dos mamás de una forma muy especial compartiendo de la Palabra de Dios y ha marcado una diferencia en mi vida. Nuestro grupo ha sido un hermoso recordatorio de cómo nuestro diario vivir debe siempre apuntar a Cristo. Compartir con hermanas en la Fe y crecer juntas hacen de la aventura de ser mamá un hermoso privilegio que Dios nos da, de ver la vida de otras mamás a los pies de Cristo, bajo su gracia y paz. Oremos al Señor por amigas que nos reten en nuestro caminar con Cristo y que nos hagan apuntar a Él, eso es una bendición para nuestras vidas.

     He aprendido que no puedo en mis propias fuerzas. No necesito poder lograr todo con mis propias fuerzas. Mi dependencia debe ser 100% en el Señor que si sabe y conoce cómo y qué debo hacer en mi maternidad. Me gusta pensar que siempre debo darme momentos de gracia y paz también, no somos superpoderosas. Pero nuestro Dios es TODOPODEROSO.

     He aprendido que mi maternidad es como un jardín, debo cuidarla, cultivarla todos los días para que Dios pueda dar crecimiento. Llenarla de agüita fresca, colocarla en un lugar de prioridad, y esperar en oración, con paz, los frutos que Dios dará.

     Me gustaría terminar compartiéndoles una versión parafraseada de como Habacuc podría leerse en la vida de una mamá con las manos llenas.


“Aunque mis plantas no sean tan verdes porque olvido ponerle agua, ni sepa que cocinar mañana, aunque falten fuerzas para salir a jugar con tus hijos, y los platos aún no se hayan lavado, y los chicos tengan medias con huequitos, y no haya hecho actividad física hoy, y la ropa sin doblar cubra toda la mesa, y aun veo que la lavada de la semana no termina, con todo, yo me alegraré en Jehová Y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza”    Habacuc 3:17 al 19.

 Mi oración es que El Señor nos permita disfrutar y experimentar su amor, gracia, perdón, paz y gozo cada día de nuestra maternidad.

     Un abrazo grande, de esta mamá a todas las que están al otro lado de esta lectura. No estamos solas, Cristo conoce nuestro corazón y diario vivir.

 

 

Bendiciones en Cristo

 

Mamá con las manos llenas.

 

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